Vía Rabadá Navarro al Firé, Riglos

La Vía Rabadá Navarro al Firé es una de las vías más clásicas e históricas de los Mallos de Riglos. Este itinerario recorre el gran espolón del Mallo Firé siguiendo una línea elegante y aérea que combina panzas, travesías y muros verticales sobre el característico conglomerado riglero.

Se trata de una escalada ideal para quienes desean conocer una de las grandes rutas del Firé y experimentar una jornada completa de escalada en pared larga, donde la técnica, la lectura del itinerario y el ambiente de pared se mezclan para ofrecer una experiencia muy completa.

Con su mezcla de historia, exposición y escalada variada, la Rabadá-Navarro sigue siendo hoy una de las ascensiones más apreciadas de Riglos, una vía perfecta para cordadas que quieran descubrir la esencia de estas paredes y disfrutar de una de las líneas más representativas del lugar.

  • Ubicación: Mallos de Riglos (Huesca)
  • Orientación: Sur, Sureste
  • Longitud de la vía: unos 350m
  • Dificultad: 6b (V+/A0 obl)
  • Primera ascensión:  Alberto Rabadá y Ernesto Navarro en octubre de 1961
  • Material necesario:
– Cuerdas de 60m
– Juego básico de Friends hasta el #1
– 12 a 14 cintas express, algunas extensibles
– Cordino para reponer puentes de roca

Desde el pueblo de Riglos, nos dirigimos hacia el oeste para bordear el mallo Pisón en cosa de 10 minutos. En seguida veremos el Mallo Firé y el sendero que nos lleva a pié de vía sin pérdida ni complicación en un total de 15 minutos.

El inicio de la vía suele identificarse sin demasiada dificultad porque en la roca aparecen las siglas “R-N” pintadas junto a una flecha que indica el comienzo del itinerario. La pared en este punto presenta varios puentes de roca visibles desde el suelo que ayudan a confirmar el punto correcto de inicio.

Todas las reuniones están equipadas con al menos dos seguros expansivos

L1 6b (V+,A0) 25m: El inicio se reconoce fácilmente por las siglas “RN” pintadas en la pared junto a una flecha que indica el sentido de la ascensión. Los primeros metros ascienden por terreno vertical muy típico de Riglos, siguiendo varios puentes de roca lazados con cable metálico, cordinos y algún clavo antiguo. La dificultad aparece al superar un pequeño desplome de bolos donde también encontraremos algunos bolts. Tras este tramo la escalada se vuelve más sencilla y conduce a una repisa cómoda donde se encuentra la primera reunión.

L2 V+, 30m: Desde la reunión comenzamos con una larga travesía hacia la izquierda. Tras chapar dos expansivos aparece un cordino algo más arriba a la derecha que puede confundir. Aunque también lleva al itinerario, lo habitual es continuar en travesía prácticamente horizontal durante varios metros. La travesía conduce a una pequeña canal o diedro donde aparece otro cordino, normalmente en mejor estado. A partir de este punto la escalada continúa en vertical hasta alcanzar la reunión. Al llegar a la reunión da la sensación de haberse salido del recorrido, pero es correcto. Desde allí ya se distinguen algunos seguros del siguiente largo.

L3 6a, 25m: Se inicia con travesía hacia la derecha. Seguiremos varios cordinos hasta alcanzar un bolo muy característico de gran tamaño. Este bolo se rodea por la derecha y una vez superado se continúa en vertical. A continuación aparecen varios bolts consecutivos que conducen por una placa formada tras la caída de una antigua entosta de roca. La escalada es mantenida pero bien protegida hasta alcanzar la reunión.

L4 V+, 25m: Estamos situados bajo la gran cicatriz visible desde abajo. Un clavo alto marca un posible error de itinerario; no debemos seguir esa línea. El recorrido correcto abandona la vertical y sale hacia la izquierda hasta encontrar un expansivo. Desde allí se continúa buscando el filo del espolón. Un par de cordinos consecutivos indican el lugar donde comienza nuevamente la escalada vertical.

L5 V, 45m: Uno de los largos más largos de la vía. Empieza ascendiendo en diagonal hacia la izquierda sobre roca generalmente buena con varios puentes de roca visibles. En mitad del largo aparece un pequeño árbol con cordino que sirve como referencia. La roca en este tramo es algo más delicada, por lo que conviene progresar con cuidado. Desde el árbol se continúa hacia la derecha para superar una pequeña panza protegida con seguros algo precarios. Tras superar este resalte se vuelve a la vertical hasta alcanzar otro cordino que marca la proximidad de la reunión.

L6 V+, 35m: Largo vertical que conduce hacia la zona conocida como las tres canales. Se progresa primero en vertical hasta encontrar un clavo bajo un pequeño desplome. Después una corta travesía permite situarse bajo la fisura central del sistema de canales. La escalada continúa por esta fisura hasta alcanzar la reunión.

L7 IV+, 20m: Largo corto pero muy aéreo. Comienza con una pequeña travesía hacia la derecha y después describe una especie de “C” invertida, regresando hacia la izquierda por terreno más sencillo. La escalada es agradable y permite recuperar algo de ritmo antes de los largos superiores.

L8 6a, 35m: Se sale en vertical desde la reunión. Después se toma dirección hacia la izquierda hasta alcanzar una canal o fisura donde suele encontrarse un bolt. Tras este punto el itinerario cambia completamente de dirección y vuelve hacia la derecha. Este largo vuelve a exigir algo de lectura para seguir la línea correcta.

L9 6b, 40m: Uno de los largos más conocidos de la vía. Se inicia con travesía horizontal hacia la derecha hasta colocarnos bajo una panza muy evidente. El primer bolt aparece bastante alto. Una vez alcanzado el desplome, la secuencia de seguros fijos indica claramente la línea para superar el paso duro. Tras superar la panza la escalada continúa más fácil hasta la reunión.

L10 6a+, 45m: Largo largo y bastante mantenido. La escalada sigue una línea vertical con numerosos seguros fijos. En un punto intermedio conviene desplazarse hacia la izquierda siguiendo algunos clavos y puentes de roca. La progresión continúa por muro vertical hasta alcanzar la reunión en una zona cómoda.

L11 6a, 45m: Último largo de verdadera escalada. Se asciende prácticamente en vertical buscando clavos y bolts que marcan el itinerario. En un punto aparece un bolt a la izquierda de una pequeña canal que sirve de referencia. Cuando desaparecen los seguros conviene seguir recto hacia arriba, evitando desviarse demasiado a la izquierda donde la roca es más frágil. El largo termina en una reunión tipo S.O.S. cerca de la parte superior del mallo.

L12 III+, 20m: Tramo final sencillo. Desde la reunión se realiza una travesía ascendente hacia la derecha hasta alcanzar la Punta No Importa, final de la vía.

(Ver croquis del descenso)

El primer punto característico del descenso es el llamado Paso de la Vía, una corta travesía equipada que permite abandonar la parte superior del mallo y acceder a la canal posterior.

Este paso está protegido con cable de acero y grapas metálicas. Aunque no presenta gran dificultad técnica, es un lugar expuesto donde conviene moverse con atención.

Superado el Paso de la Vía se entra en la canal que separa las diferentes agujas del Firé.

Rápeles

Desde la canal se realizan normalmente dos rápeles equipados por la cara norte.

  • El primer rápel ronda los 30 metros y deposita en una repisa amplia dentro de la canal.

  • El segundo rápel, de unos 25-30 metros, deja ya en terreno más sencillo cerca de la pedrera de bajada.

Una vez finalizados los rápeles se continúa descendiendo por una senda evidente entre bloques y vegetación que en pocos minutos conecta con el sendero principal que rodea los mallos.

Siguiendo este camino hacia la derecha se regresa cómodamente al pueblo de Riglos.

Tiempo total de descenso:
aproximadamente 1 hora

Historia de la vía

La vía Rabadá-Navarro al Firé es una de las líneas más emblemáticas de la escalada clásica española y forma parte de la historia de los Mallos de Riglos. Fue abierta en octubre de 1961 por los jóvenes aragoneses Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, dos escaladores que en pocos años revolucionaron la dificultad y el estilo de la escalada en España.

El contexto de la apertura

A comienzos de los años 60 los Mallos de Riglos ya eran conocidos por sus enormes paredes de conglomerado, pero muchas de sus líneas más evidentes todavía no se habían escalado. Las técnicas de escalada artificial estaban empezando a desarrollarse en Europa y en España el material disponible era todavía muy limitado.

En este contexto, Rabadá y Navarro comenzaron a explorar nuevas líneas en Riglos con una mentalidad muy avanzada para la época. Ambos procedían de Zaragoza y realizaban frecuentes visitas a Riglos, donde abrieron varias rutas importantes.

El espolón del Mallo Firé destacaba claramente desde el valle y durante años había sido considerado una línea muy difícil de abordar debido a sus desplomes y a la complejidad del itinerario.

La apertura de 1961

En octubre de 1961 los dos escaladores decidieron intentar la línea. La apertura se realizó en varios días utilizando las técnicas habituales de la época: escalada artificial con clavos, buriles y estribos.

La progresión fue lenta y laboriosa, ya que el conglomerado de Riglos obligaba a buscar cuidadosamente fisuras, puentes de roca y zonas donde colocar seguros. Además, gran parte del itinerario no es evidente desde abajo, lo que obligó a improvisar travesías y cambios de dirección para encontrar el camino más lógico.

Tras varios días de trabajo consiguieron completar la línea hasta la parte superior del mallo, firmando una ascensión que en aquel momento representaba uno de los mayores retos técnicos de la escalada española.

Una vía adelantada a su tiempo

La Rabadá-Navarro fue durante años una de las rutas más difíciles del país. El itinerario combina escalada libre con pasos de artificial y presenta secciones muy verticales que, en el momento de la apertura, estaban muy por encima del nivel medio de la época.

La vía se convirtió rápidamente en una referencia dentro de Riglos y fue repitiéndose progresivamente a lo largo de las décadas siguientes, primero en artificial y posteriormente en libre.

Hoy muchos de los pasos que originalmente se superaban con estribos se escalan en libre hasta grado 6b, lo que ha transformado la vía en una escalada clásica muy apreciada por los amantes del conglomerado.

El legado de Rabadá y Navarro

Alberto Rabadá y Ernesto Navarro protagonizaron en pocos años algunas de las aperturas más importantes de la historia de la escalada española, especialmente en Riglos.

Su estilo se caracterizaba por buscar líneas directas y estéticas, muchas veces en paredes que hasta entonces se consideraban imposibles. A pesar de su juventud, su actividad marcó una nueva etapa en la escalada del país.

La vía Rabadá-Navarro al Firé sigue siendo hoy un homenaje a aquella generación de escaladores pioneros que exploraron los Mallos con medios muy limitados pero con una enorme determinación.

Actualmente la ruta es considerada una de las grandes clásicas de Riglos, combinando valor histórico, calidad de roca y una escalada variada que mantiene vivo el espíritu de la apertura original.

 
Otros Servicios

657 77 55 05 - 610 69 83 98
info@guiascumbre.com

657 77 55 05 - 610 69 83 98

info@guiascumbre.com

Dudas y Reservas

¿Quieres reservar una plaza para alguna actividad o curso?