El inicio de una hazaña histórica
La historia del alpinismo en España tiene un punto de partida claro: la primera ascensión al Picu Urriellu / Naranjo de Bulnes en 1904. Aquella hazaña, protagonizada por Gregorio Pérez Demaría «El Cainejo», pastor, guarda y guía, además de consumado escalador y gran conocedor de los Picos, junto a Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós «Marqués de Villaviciosa» político y jurista gijonés, no solo supuso conquistar una de las montañas más imponentes de los Picos de Europa y del mundo, sino también demostrar que los límites, muchas veces, existen solo para ser superados.
Pedro Pidal (35 años) quería a toda costa que ningún extranjero fuera el primero en subir al Picu y por eso compró en Inglaterra la mejor cuerda de pita, trajo unas alpargatas de París (los primeros pies de gato) y contrató a el Cainejo (51 años), compañero de múltiples travesías y ascensiones, como guía.
Dos hombres, una misma cuerda
Pedro Pidal aportaba la iniciativa, la curiosidad y la ambición por lograr algo que nadie había conseguido. Él mismo lo expresaba con claridad antes de la ascensión:
“¿No sería acaso posible intentar la ascensión con una buena cuerda…? ¿Y no sería posible intentarla con alguna esperanza de éxito?”
Sin embargo, quien asumía el papel más arriesgado durante la escalada era Gregorio Pérez Demaría, avanzando en cabeza de cuerda, explorando la ruta y abriendo paso en la roca. Su experiencia queda reflejada desde el primer momento:
“Me descalcé a pie puro… embisto la peña; fui pasando subiendo llastralezas y pasos medianos…”
Era él quien probaba cada paso primero, quien buscaba agarres y quien guiaba el camino en un terreno completamente desconocido.
El desafío del Picu Urriellu / Naranjo de Bulnes
El Naranjo de Bulnes, con sus paredes verticales, representaba un reto casi imposible a comienzos del siglo XX. Incluso antes de empezar, ambos eran conscientes del riesgo, pero también de la motivación que les impulsaba.
Pedro Pidal lo explicaba de forma muy personal:
“Trepar por una roca pelada, con un precipicio a la derecha y otro a la izquierda… será un placer de que se reirán muchos; pero es un placer soberano…”
Ya en la pared, la dinámica era clara: El Cainejo abría la vía y Pidal progresaba asegurado. Así lo describe el propio Gregorio:
“Pasé yo delante y con la cuerda favorecí a D. Pedro…”
Este detalle es fundamental, porque en este tipo de ascensiones quien va primero es quien asume el mayor peligro.
Momentos críticos en la ascensión
La subida estuvo llena de situaciones límite. En muchos momentos, retroceder era casi imposible, como refleja Pedro Pidal:
“Retroceder en aquel caso hubiera sido cobardía manifiesta. ‘¡Arriba! Hasta donde podamos, Gregorio!’”
La colaboración entre ambos fue extrema. En algunos tramos, literalmente se utilizaban el uno al otro para avanzar:
“Mi cabeza primero y mi puño cerrado después, eran a modo de escabeles…”
Aun así, seguía siendo Gregorio Pérez Demaría quien lideraba los pasos más complicados. Él mismo describe uno de los obstáculos clave:
“Tropezamos un muy alto salto que formaba panza… sin agarraderas ni sitio onde poner los pies.”
En ese momento crítico, fue necesario improvisar y confiar totalmente el uno en el otro. Pidal lo relata así:
“Póngase usted sobre mis hombros… y verá usted cómo le aúpo.”
Gracias a este tipo de maniobras, lograron superar lo que parecía completamente inaccesible.
La llegada a la cima
Tras una progresión lenta y extremadamente exigente, alcanzaron finalmente la cumbre del Naranjo de Bulnes. La emoción del momento quedó reflejada en las palabras de Pedro Pidal:
“Saltando, loco, ebrio de placer y de entusiasmo, entoné… el más formidable ¡hurra!…”
Desde arriba, el paisaje era sobrecogedor, tal como él mismo describió:
“Glaciares, neveros, peñascales… y en todas partes el abismo…”
Por su parte, Gregorio Pérez Demaría lo resumía con una sencillez que no resta grandeza:
“¡Qué gusto encontrarse en aquella altura y donde nadie había pisado!”
El descenso: el verdadero peligro
Si la subida fue difícil, la bajada resultó aún más peligrosa. La niebla complicó la orientación y aumentó el riesgo. En un momento especialmente delicado, El Cainejo llegó a dudar:
“¡Dios mío, Dios mío! ¿Cómo subí yo por aquí?”
A pesar de todo, siguieron avanzando con ingenio y sangre fría. La experiencia de Gregorio Pérez Demaría volvió a ser decisiva, hasta el punto de orientarse en plena niebla gracias a detalles mínimos del terreno.
Un legado que sigue vivo
Más de un siglo después, la ascensión al Picu Urriellu / Naranjo de Bulnes sigue siendo un símbolo del alpinismo en España. La historia de Pedro Pidal y Gregorio Pérez Demaría no es solo la conquista de una cima, sino el reflejo de una colaboración única.
Pero si los propios relatos dejan algo claro, es que aquella cima se alcanzó paso a paso, con el esfuerzo constante de quien iba abriendo camino en cabeza de cuerda, enfrentándose primero a cada dificultad: Gregorio Pérez Demaría.