A veces pensamos que los paisajes de montaña, poseen una permanencia inalterable, una quietud fantasmal, y que los cambios son puntuales. Unas rocas que se caen, una piedrina por aquí, o un bloque por allá. Pero cuando frecuentas un camino una y otra vez a lo largo del tiempo, te das cuenta que los cambios, suceden más de lo que pensamos, y de hecho, en ocasiones, podemos encontrar el paisaje remodelado de la noche a la mañana, un camino destruido o tapado, y lo que antes era, ya no volverá a ser, ni tampoco permanecerá así para siempre, pues las dinámicas de los paisajes de montaña, se encargarán de darles vida, estación a estación.
En invierno los procesos de termo o crioclástia, preparan el terreno para los cambios que el deshielo y la primavera se encargan de matizar. Los neveros se funden, los canchales acumulados se desestabilizan, y todo cambia poquito a poquito, año a año. Pero, ¿y en verano?, la temperatura sube y afecta a las rocas y, aunque afecta poco a las rocas… ¿existen procesos de cambio? Las tormentas de verano, en los Picos, azotan con violencia y de forma súbita. Basta media hora de lluvias o granizos torrenciales para desencadenar procesos que afectarán al terreno drásticamente y en proporciones muy variables, y a veces muy sorprendentes. En 2024 a finales del verano, una tormenta veraniega, corta pero intensa, remodeló toda la Canal de la Celada, por la que escaladores y montañeros estamos más que habituados a subir. Como guías, en ocasiones las subimos varios días seguidos en una misma semana, y en horas intempestivas, con el frontal para «pillar la fresca», y conocemos cada vuelta, cada curva, y cada atajo. Pues bien, en cuestión de un día para otro, ya no había mas sendero,no había zetas, curvas ni un camino asentado.
Vamos a hablar sobre estos procesos dinámicos que moldean nuestras canales y laderas, que desatan el movimiento de los abanicos de derrubios y canchales acumulados en las laderas de las paredes y montañas, para convertirse en una masa en movimiento, como si de un fluido se tratara, que cobra vida, se despereza, y se desliza, para acostarse en una posición más cómoda y estable, a dormir otra siesta de quien sabe cuanto tiempo…
Los flujos de derrubios, o también llamados debris flow, se tratan de movimientos en masa, un cuerpo de sólidos granulares, agua y aire, que se mueve como un flujo viscoso, inducido por la gravedad. Dicho de otra manera, es una masa de sedimento poco seleccionado (diversidad de tamaños de bloques), en agitación y saturado de agua, que progresa rápidamente pendiente abajo a consecuencia de la gravedad.
Los debris flow se diferencian de las avenidas fluviales, cargadas de sedimentos, y de los deslizamientos o las avalanchas rocosas debido a sus características mecánicas. Mientras que las fuerzas sólidas dominan la física de las avalanchas de roca y las fuerzas fluidas dominan la física de las corrientes de agua, ambos tipos de fuerzas deben interactuar de forma combinada para producir un flujo de derrubios.
Estos flujos, contienen una gran cantidad de sólidos que los caracterizan, sin embargo, no es la concentración de sólidos ni la velocidad lo que distingue a las corrientes de derrubios, de otros movimientos de tipo flujo, si no su comportamiento mecánico. Una corriente de derrubios presenta resistencia a la cizalla, es decir, que tiene un comportamiento plástico. Esta resistencia hace posible que las corrientes se detengan en zonas de pendiente, incluso en ángulos superiores a los 15º, y, por otra parte, que la corriente tenga un frente neto bien definido.
MORFOLOGÍA
Los flujos de derrubios presentan distintas morfologías, pero por lo general su longitud es mucho mayor que su ancho, llegando a ser esta proporción de 10:1 o incluso más de 50:1. Se distinguen tres zonas con diferente morfología:
El área fuente o zona de salida: acostumbra a ser escarpada y poco vegetada, en la que abundan los suelos detríticos o existe un suelo de meteorización del sustrato. La pendiente de esta zona es siempre elevada y varía generalmente entre los 25º y los 40º de inclinación.
La zona de transporte: puede seguir barrancos preexistentes, en los que se encontraría el canal, pero también pueden avanzar ladera abajo sin confinamiento alguno y salvar obstáculos en casi cualquier dirección. El canal es un surco erosivo que está limitado generalmente por diques laterales o levés. Los diques son el resultado del abandono de parte del material transportado en los márgenes laterales de la corriente, donde dominan los elementos gruesos (cantos gruesos y bloques). En su parte más alta, el canal tiene una sección transversal elíptica o con forma de V y su fondo está libre de depósitos, mientras que en su parte baja, el fondo del canal está ocupado por depósitos correspondientes al pie del depósito.
En la zona de acumulación es donde se deposita preferentemente el material de la corriente (el pie del depósito). Aquí el flujo deja de estar confinado en un canal y desaparecen los diques laterales. En muchas ocasiones, el paso a unas condiciones no confinadas coincide con una disminución más o menos brusca de la pendiente. La velocidad de la corriente, su capacidad erosiva y su confinamiento, son características que suelen estar estrechamente ligadas. Cuando la velocidad es suficientemente baja el material se desplaza sobre la superficie topográfica preexistente, simplemente recubriéndola y sin erosionar el terreno, hasta que cesa el movimiento.
¿POR QUÉ SE FORMAN?
Las corrientes de derrubios ocurren en cualquier clima; encontrándose en regiones áridas, tropicales húmedas, hasta en zonas árticas. Las condiciones que favorecen la formación de corrientes de derrubios son varias:
Un área-fuente compuesta por formaciones superficiales que tengan algo de permeabilidad (sustrato rocoso alterado, coluviones o tills).
Una fuerte pendiente topográfica.
Un aporte intenso de humedad, no necesariamente continuo.
Una escasa cobertera vegetal.
Los materiales más favorables para la formación de corrientes de derrubios, son los depósitos coluviales (acumulaciones de cantos angulosos, que se caen de las paredes y se amontonan al pie de la montaña generalmente en forma de abanico), suelos de meteorización (alterados) , depósitos glaciares (tills, acumulaciones de bloques sin clasificar, es decir, de diferentes tamaños, formas, y procedencias, que fueron acumulados y transportados por un glaciar), fluviales y volcánicos.
El desencadenante más frecuente de las corrientes de derrubios es el aumento de la presión de poro causado por un suministro importante de agua. El aporte de agua ocurre por una lluvia intensa, deshielo del manto nival, o por la combinación de ambos, y más ocasionalmente, la fusión rápida de glaciares o por una erupción volcánica (estos últimos no actúan en los Picos de Europa).
De este modo, una lluvia intensa o un deshielo rápido facilitan la saturación de la formación superficial, el consecuente aumento de la presión de agua de poro y la pérdida de resistencia del material. Las precipitaciones de larga duración y moderada intensidad pueden causar corrientes de derrubio, pero éstas son más comúnmente provocadas por lluvias de corta duración y fuerte intensidad, como es el caso de los deslizamientos encontrados en la zona de La Vueltona en julio de 2025, donde unas lluvias muy intensas, y de corta duración, desencadenaron diferentes debris flows, que llegaron a cubrir varios puntos del sendero que lleva hasta el collado de Horcados Rojos.
Una característica peculiar que vemos en una zona concreta de los flujos de derrubios es cómo el camino, en la zona de Horcados Rojos a Cabaña Verónica, resiste intacto al derrubio, que “desaparece” en su parte superior, filtra el agua bajo él y continúa horadando pendiente abajo sin afectar al sendero. Esto puede ser debido a dos factores; grandes bloques situados bajo esa porción de camino, que no han sucumbido al empuje del flujo sosteniendo el camino, y/o al factor de la compactación del suelo en la zona del camino, que aumenta la densidad de ese tramo bajo el derrubio haciéndolo resistente y permitiendo que aguante y no fluya ladera abajo.
Esta compactación en ocasiones, parece actuar como frente de detención del lóbulo frontal del derrubio, que no consigue superar la resistencia de la densidad del camino, compactado por los miles de visitantes que cada día, en la época estival, suben a conocer esta zona del Macizo Central, animados por la facilidad que brinda el teleférico de Fuente Dé.
Conocer estos fenómenos nos puede ayudar también a posicionarnos en lugares seguros a la hora de poner una tienda de campaña o elegir un vivac. Si pasas por La Vueltona y conoces dónde están los vivacs, o echas un vistazo curioso, verás que no hubiera sido nada agradable estar bajo muchos de ellos en el momento del proceso. de hecho, algunos de los vivacs se encuentran justo en el frente de acumulación. ¡quedaron al límite de milagro!